mantra

abril 27, 2008

no dormirme

no dormirme

no dormirme

poder encontrar el hueco exacto de mi melancolía

l

ventana

abril 27, 2008

el gesto íntimo

la noche

la verdad

las horas robadas de mañana

las luces azules

traes todo

y tú todo

en todo y memoria

instalada

en la misma noche

el mismo olor

sólo con el gatillo

que marca el codo

apoyado en este alfeizar

promesa al amante

abril 25, 2008

lo vas a hacer muy bien

sabes-

voy a dedicarte los pospuestos

vamos a no salir ilesos, como mínimo

l

rutinas

abril 25, 2008

me levanto

no me visto

-mejor sí-

sin ducharme

mastico el periódico

me marcho

llueve

-o no-

pero es frío

igual

finjo

ser amable, consciente, realista, idiota

leo

pierdo tiempo

en mí

y en los transportes públicos

espero

el autobús rojo sensacionalista

me paro

cuando digo si-no, si-no, si-no

y toca

me siento en la jaqueca de hoy

escribo

las cosas que no sé decirte

no fumo

-debería-

busco en la sección de animales de compañía

pongo otra lavadora

me despeino

te huelo la colonia

me quito los zapatos

las concesiones

leo

escribo

duermo

duermo

leo

no fumo-debería-

pienso en tí

pienso en tí

l

regalos

abril 25, 2008

a veces me traes regalos

y los voy recogiendo a tientas,

tropezando

y sé

son para mi

porque siempre lo dices

y yo

otra vez soy

la niña que no puede creerlo

las prisas

las ganas de besarte

cojo todos los trenes

doy la vuelta a las hojas

me aclaro la garganta

para decirte todo lo que ocupaba

eso que tú

llamaste yo

contarte la verdad

que ya no busco nada

ni me pinto las manos

y al final

sólo la sal

la húmeda verdad

de no tener nada de voz al mundo

ni una sóla certeza de tocarte

castigada a ser gota de ser-vocación muda

sin ningún viaje

Mi regalo perdido

en recepción de entradas

Gracias por tu regalo.Ojalá llegue el mio..

l

las horas indecisas

abril 24, 2008

Las horas indecisas.

Parece que en estas horas, el tiempo no viaja en su recipiente. De alguna forma, las horas se quedan vacías sin nada que albergar, ni un resquicio del contenido al uso, de tiempo.

A la llegada, sólo una breve presentación en Sala tres. P. me cuenta los pacientes sin prisas, en un pase de guardia no premeditado. La paciente más joven, E. esta conectada a una bomba de helio. Tiene un broncoespasmo severo, posiblemente secundario al consumo diario de cocaína.

No parce intranquila- pero lleva ya tres dosis de tranxilium-me sonríe P.

P. se marcha aún sonriendo, y sin ojeras. Heredo una Sala 3 asombrosamente vacía. Hoy no hay camas en los pasillos, ni están ocupados todos los aislados. Hoy se siente el palido frío limpio de las camas intactas.

Empiezo a pasearme a los pies de cama, como siguiendo el ritmo de un antiguo ritual iniciático. Leo los nombres, el número de historia y el juicio clínico. Luego levanto la mirada y veo B. con ochenta y tres años dóciles, aún robusta y escapando de forma audaz a la edad que aparece en su ficha. Cabello encanecido, sobre una mirada despierta, de joven voyeur de vacaciones. Se fija en mí. Sonríe, mientras dos bolsas de concentrados de hematíes se transfunden lentamente bucando otro color. Pregunta mi nombre. El resto de la noche lo pasará cantando coplas de barrio antiguo. En las treguas que le da el evento artístico, se entretiene llamándome en un grito dulce, por toda la sala.

Son las 02:00 a.m y paso al filtro. En la recepción de pacientes se sienta sigilosa, pero eficaz, la prisa.

M. es una paciente con un problema derivado de una perforación esofágica yatrogénica. LLora. El cáteter se ha soltado y apenas puede hablar. Pero no duele. Llora silenciosa, como para no molestar. Casi pide perdón con la mirada acuosa, azul, perdida en los años que arrastra, en lo sucedido en ese tiempo- que ahora a mí me conmueve y se me antoja frío y bajo lluvia fina- mientras su esposo levanta la voz a C. y se enjuaga la frustración en las palabras de sobra conocidas, la queja díaria, partidista y cotidiana en un servicio de urgencias.

05:00 a.m. Vuelvo a sala 3. Llego de forma inexplicable, guiada eficazmente por un hábito incosciente, que me conduce desde las literas con aforo ilimitado de la novena hasta la planta semisótano. No he dormido nada y me doy cuenta, de lo mucho que estraño los trocitos de mar que ella va dejando esparcidos por la urgencia, las tímidas olas del box de reanimación, o la arena de playa en la sala de espera.

A pesar del dolor de cabeza, alcanzo a encontrar la moneda que me devuelve un café sin ansias de protagonismo y poco azúcar. Salgo un momento a la puerta. Sobre mí,el letrero luminoso antiguo, con el neón resistiendo las tormentas, guiñando urgencias con una s parpedeante y retraída, casi vergonzosa. Abajo, la lluvia de anoche. Los zuecos, empapados.

El cielo ahora es azul de ese. De ese azul de cuando subes las ventanas, porque es primavera y no sabes que haces despierto tan temprano.

Vuelvo a la Sala 3 y todos duemen. O disimulan una charla con Morfeo. Las auxiliares y las enfermeras han acampado en los escasos sillones de poliéster y se dejan parecer sordas o sufrientes, madres susurradoras de canciones de cuna.

No sé qué hacer y visito a oscuras, los pies de cama, me reitero, me miro en los sitios ya mirados. Salgo de allí. Me siento. Me miro las manos, los relojes, las nuevas ganas de todo despropósito.

Queda una hora para las 08:00 a.m. Las horas indecisas van pasando. Distraídas, extrañamente lentas e imprecisas, agotadas, casi como si llevaran algo, un peso enorme, un pedazo de nada embotellado. Como si les costara no posarse. Y vacilantes, cabizbajas, consumidas, despedirse del tiempo detenido.

l

(des)propósitos

abril 22, 2008

todas las cosas que no hago

saben hacer café y filantropía

se sientan en mis párpados

murmuran- ya sabes

suavito

me guiñan el ojo

fueron al colegio y suman

cuentan inacabados

ponen en fila

para salir al patio

lo que faltó de ayer

si lloro

si me ven los huecos

me esconden los plazos

los planes

los propósitos

se rien

me desatan los zapatos

me engañan siempre

luego

en el insomnio,

se hacen perdonar

se duermen

si amanece mañana

l

los cuentos del agua

abril 22, 2008

(fragmento)

..me han abandonado una a una las hijas que tuvimos, una a una, tan suaves y sigilosas como la brisa nocturna; dejando tras de sí, esposos y niños de pecho en arrullos todavía calientes.

Todas y cada una de las veces que partieron las perdoné.

Por cada una de mis hijas de mar, echaba un tronco a la hoguera. Las cenizas engendrarán más tierra. No quiero darle más al mar. Ya tiene demasiado.

Por la primera de sus huidas yo supe de la segunda. Por cada una de sus huidas yo sabía de la próxima.

Una a una se fueron marchando frente a mis latidos. Por cada una de ellas entregada al mar yo enterraba una semilla en la tierra arada.

Así, fueron creciendo ante mí, cómo árboles duros, de corteza armada, de frutas dóciles, cada una de ellas.

Todas se marcharon. Como su madre de agua. Igual que a ella las perdoné una a una. Mis hijas de cabellos ensortijados y piel de sol. Mis niñas de mar.

Nada perderán mis manos ni las de otros. Sólo corazones. Porque no fueron mías. No fueron. Nada perderán.

Porque la única vida que las mece es el son de mar.

Porque todo vuelve al principio creador y padre.

Porque en cada uno de sus límites de piel se extiende un océano infinito que la tierra no toca.

Soy un hombre habitado.

Nunca volveré a estar despierto.

.

.

.

Para tí, mi dulce criatura marina, mi niña de mar, por esta noche insomne tuya que te debo, y por lo que no se dice con palabras..

l

Semilla en la tierra

abril 20, 2008

Para K, a deshora, para siempre, por tu lucha. Porque allí dónde estés, dónde nos esperas, estoy segura de que seguirás en tu trinchera, tan fuerte como siempre, tirando piedras contra la última frontera.

Porque nunca hay olvido. Por todo lo que queda. Que siempre es todo y en todas las cosas.

Para P, por su lucha, por los días cargados de horas que quedan.

Para A, por los pasos, por la infancia despistada ya para siempre.

Por todo lo que me habeis dado. Semilla siempre, K..

“Duele, la vida como un puñal hay veces que duele
y nada tiene que ver con tu boca
que hecha para besar hay veces que muerde
que anuncia cordura y a veces se vuelve loca
Duele porque la piel no es materia inerte
Duele porque el querer es dolerse a veces.
Tiembla, la vida como con miedo
hay veces que tiembla
y nada tiene que ver con el aire
que mueve tu ropa en noches de luna escueta
que aprieta suelta y evoca y me enloquece
tiembla por los látidos que tu provocas
y también porque el querer es temblar a veces.

Y cada uno en su camino
va cantando espantando sus penas
Y cada cual en su destino
va llenando de soles sus venas.

Y yo aqui sigo en mi trinchera, corazón
tirando piedras, contra la última frontera
La que separa el mar del cielo
del color de tus maneras
la que me lleva a la guerra, a ser semilla en la tierra.

Y no me pidas tanto, corazón
que tengo poco aire en el pulmón
lo que tengo es un castillo en el cielo
si viene la guadaña a mi rincón
enjuágame la frente en tu sudor
y le das un beso a todos si me muero…

Rie, la vida como un volcán hay veces que ríe
y nada tiene que ver con el tiempo
Se ríe porque para ella somos tan leves
como el humo azul que del pudor se desprende
rie porque tu llanto se lo merece
y también porque el querer es reirse
a veces.
vive, la vida por compasión
hay veces que vive
y nada tiene que ver con la muerte
Y cuando llegue ese instante
dejame verte
que no hay mayor libertad
que tenerte enfrente
y que nadie sea absuelto
por no quererse
y vive porque el querer es vivir dos veces.

Y si todo es semilla no me dolerá la astilla
que sangran de mi costado
tus andares de chiquilla, y no me digas nada,
déjame a mi
en mi ventana con los pies del otro lado,
yo me fumo mis mañanas”

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Carlos Chaouen, Semilla en la tierra

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Gracias

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buscando(me) o son.de.ser

abril 16, 2008

digo que sí,

que lo sé

el hueco en que soy

el agujero

de dentro

y fuera

que es todo

la duda que duda

que no soy dócil y sí, a todas horas

sé del tamaño y del aire

de solos

de pesos

y horas del día

digo que soy

lo que ves

de barro y algunas cosas frías

ardiendo siempre

empapada

sin saber

sin saber

.

.

.

.

l