laura y yo

junio 1, 2008

Aprietas fuerte los párpados. Es importante hacerlo bien porque ahora no quieres que suceda y si lo hace, no vas a querer contestar. Asi que aprietas los párpados, sin llegar a cerrarlos, porque si los cierras, no podras evitarlo y sabes que no podrás parar, si empiezas. Entonces, tragas saliva, bajas la cabeza en un estudiado gesto distraído e intentas fijar la mirada en algún punto lo suficientemente lejano e impreciso cómo para poder estar totalmente fuera de escena. Permaneces así, un rato-apenas un segundo-luchando contra el impulso fisiológico que se hace inevitable. Intentas no pestañear, porque sabes que tan sólo hace falta el minúsculo roce de pestañas para notar la tibia calidez por las mejillas. Asi que aprietas los párpados, sin llegar a cerrarlos, porque si los cierras, no podrás evitarlo y sabes que no podrás parar, si empiezas.

Desde que vives la vida de los otros, no te resulta extraño interesarte por los temas que siempre te aburrieron, escuchar la música que suena en todas partes, reirte a carcajadas con las risas ajenas. Tampoco desde entonces me sorprende el tacto de los otros, las nuevas mentiras, los extenuantes ejercicios de autoengaño, los planes de anteayer, las concesiones.

Y así vivo conmigo, me siento frente a mí, me cuento mis mentiras, las bellas mentiras, me distraigo, trabajo demasiado, vivo en el hospital, las guardias en la urgencia son un salvoconducto, me lleno de los planes a corto y cortés plazo, me vendo sólo para hoy, no respiro, no tomo precauciones, no tengo nada más que tiempo y la sonrisa de seguir caminando, de levantarme hoy, de quemar la cama y la consciencia. No tengo nada mío. No ocurro. No tengo nada en mí que no sea huída.

Y mientras doblo algunas esquinas, hago pie en algunos sitios hondos, me hago más mayor, más valiente y cobarde. Pero ahí no me engaño, el axioma es el mismo, ahí no voy a engañarte, la verdad es que soy, lo que en su día viste, la que no te merece, el hueco que me falta, la que te duele, y soy nada y eso y todo otra vez, y sin remedio.

A veces es más fácil. Tengo el día bueno, hace sol, mis amigos me cuentan las cosas con sonrisas, veo una buena peli, me compro unos pendientes, termino el décimo libro de mi mesilla, me recuerdo queriendo y bailo sola.

Pero otras veces.. El recuerdo es tan dolorosamente dulce, que no me importa nada. Y entonces me voy, me marcho contigo, te digo todo y hago lo que siempre dijiste, que yo era tan valiente, que podía con todo, que era la piel más suave, la dama matemática, la dama, sí, el tobillo delgado y moreno, sin llaves a la puerta del instante..

Y voy al dolor, y no me importa. Me pongo en jarras, lo recibo, porque me queda dolor a recorrer aún, porque soy una refugiada de este otro lado mío, dónde ocurre la vida que no vivo. Dónde bailamos abrazados, ocurrimos. Ahora.Y por fin sin remedio.

l

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