epílogo

diciembre 28, 2008

Buscaré tu jaula a tientas
pa que otra vez me mientas
y digas que no hay carbón
que manche mi almohada
que el alma me chilla,
que salen astillas de mi corazón,

sube conmigo a la acera,
verás la tiritera que da de ver el color
que dan a la tierra los hijos de perra
que pintan de oscuro todo corazón
que se atreva a latir,
y quieren derribar el tronco
de ruiseñores roncos
donde vivimos tú y yo,
que no tiene dueño, ni dioses, ni reyes,
que suenen los muelles de mi corazón,

ten cuidao con la luna”- dicen las estrellas-
más guapa que ninguna me quedo con ella otra vez,
me mata pero a gatas vuelvo a nacer,
bizquean las farolas de los sueños míos,
mis pensamientos llenan de escombros el río de miel,
de cada sitio que toca su piel,
mi madriguera tiene cuatro mil ventanas,
para salir corriendo si me viene en gana correr…
y que amanezca si va a amanecer,
que el hijo de la Inés me ha roto las esquinas,
para que en mi azotea aniden golondrinas, ya ves,
no sabe ná de lo que hay que saber,

y en su patio caen las pinzas de la ropa de algún Dios
para que le abra la puerta,
y en el mío, de cuclillas, se ha puesto a cagar el sol,
para que nunca me duerma,

que dicen que la noche se ha quedado corta,
a ti te da lo mismo y a mi no me importa, y ayer…
¿qué voy a hacerle si ayer era ayer?
que el hijo de la Inés no entiende de colores
y dice que entre amores nunca se ha caído de pie,
que se descuida y se vuelve a caer,

y en su patio caen las pinzas de la ropa de algún Dios
para que le abra la puerta,
y en el mío, de cuclillas, se ha puesto a cagar el sol,

para que nunca me duerma.

Marea. El Hijo de la Inés.

Sí, te marchas

Y  yo a correr

sin que nadie me toque

Y mirarme despacito desde arriba

A volver a nacer

A decirte adiós

A perdonarme, por fin

A perdonarte

Buen Viaje

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si no me rescatas

diciembre 28, 2008

..”quiéreme y sácame de aquí” El Último de la Fila

si no me rescatas

mira roy

si no vuelves

voy a tener que besar a todos

me creeré todas las mentiras

y tendré muchos hijos

si tú no me rescatas

voy a ser

la chica de sus sueños

la buena amante

la silenciosa

si tú no vuelves

me encontrarán aullando a otra luna

jadeando amaneceres en el lugar del aire

nadie sabrá mi nombre

me destrozaré los puños para nada

diré que sí en la parte trasera de cualquier coche,

no me quedaré al final de la pelícla

me pondré tacones y mentiras

cocinaré entrañas de primero

no bailaré contigo

la curva de mi cadera

toda mi piel

de otros

si no me rescatas

seré lo que no quise

me beberé el dolor  a sorbos

me buscaré algún día en una tarde soleada

me pondré en jarras

fumaré lo que quede

no te perdonaré nunca

despedida

diciembre 25, 2008

–               -“Sólo muriendo flotas sobre la corriente” Haruki Murakami. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Cuando te hayas marchado, volveré otra vez a mis cosas.

Pensaré que no me quieres, o que qué se yo, alguna historia que me duela.

De nuevo dejaré de respirar al oir tu nombre. Me agarraré las rodillas con los brazos. Me volveré muda.

Cuando te hayas marchado, no voy a contarle a nadie toda esta espera.

No diré:” mira ahora las cosas son así y hay que seguir” no diré: “esta noche dormiré sobre tu pecho”

Volveré a casa por la noche llena de afueras.

Pondré de nuevo esa canción para hacerme fuerte. Y seguiré tirando piedras contra la última frontera.

Y estaré otra vez en guerra.

Porque no duraré. Yo no duraré. Me voy como el viento.

Y pensaré en tu boca.

En el niño enorme de la sonrisa partida.

Me pondré de puntillas de nuevo para besarte.

Besar aire.

Y de nuevo con las venas a la calle.

Y buscar el sol de invierno.

Somos tan leves.

Vivir.

No hay para mí otra libertad. No conozco otra.  Sólo tenerte enfrente.

Y mientras te veo bailar bajo la lluvia,  comprendo que sólo quiero volver a verte reír.

No estás perdido.

Y yo..

Cuando te vayas, sólo voy a llevarme tu risa.

Déjame.

Estaré sentada en mi ventana, con los pies del lado que no es, ya sabes. Fumando mañanas.

Ójalá..

“Júrame tu risa, yo a cambio sabré esperar
seco como el campo que hemos de sembrar”.
El último de la Fila.

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quédate

diciembre 23, 2008

la verdad es

tenerte sentado en los labios

el pánico a los aviones

los días que quedan desde que volviste

el agujero lleno de viento con tu nombre

justo en el hueco del dolor torácico

yo sentada en las esquinas

agarrándome las rodillas

gritando lluvia

-despedir esta absurda vocación de beso

cuando te vayas-

 

 

 

 

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Schopenhauer, tú y yo

diciembre 23, 2008

No hay amores malditos / Hay podre leyes usos / Error espanto astucia / Impotencias normas mentira / angustia doma compra-venta / cobardia y calamidad / no hay amores malditos.

Félix Grande

El amor es la compensación de la muerte, su correlativo esencial.

Arthur Schopenhauer

Recuerdo ese día nítidamente porque tenía una luz distinta. Caminábamos despacio a través de la tierra a medio arar, con cuidado de no pisar nada, hasta que el terreno se fué haciendo un poco más abrupto y desapeció la tierra de labranza. Entonces caminamos con un poco mas de soltura y aunque yo iba casi jadeando, lo cierto es que fue un camino suave y agradecido. Me acuerdo de mí misma mirándome las botas llenas de barro, y mis piernas, siempre tan absurdamente delgadas mientras pretendía sin éxito seguir los pasos que me marcaba el portador de la cabeza llena de rizos rubios, que era mi único punto de referencia en aquel paisaje.

Así transcurrieron un par de horas y al final, llegamos a un lugar  abierto, levemente sobreelevado, donde decidimos quedarnos y respirar.  Como en un ritual, nos sentamos juntos, nos descalzamos, nos abrazamos,nos miramos un minuto en silencio y nos sonreimos, hasta que el silencio quedó roto por su risa única, su carcajada inconfundible. Esa risa que lo delataba siempre, que siempre lo acompañaba y que a mí, desde la niña que fuí -cuando lo conocí- hasta la mujer que soy- a tientas-, hoy sabe transmitirme la seguridad de estar cerca de casa, de tener un hogar.

Estábamos sentados bajo una encina anciana y su majestuosidad nos hizo sentirnos aún mas pequeños, allí, bajo su sombra. Entonces sin darnos cuenta, mientras él -quizá -me contaba su última excursión a la pedriza y yo- quizá- acariciaba alguno de sus rubios rizos escapistas ,comenzó a suceder uno de esos instantes en los que por fín comprendes algunas cosas que pueden reconciliarte con el mundo, porque son en definitiva una verdad que puede por ese instante tocarse con las manos y que se proclama valiente y victoriosa, pura luz entre la niebla habitual en la que solemos refugiarnos. A veces para siempre. A veces sin saber salir de alli en toda una vida. A veces sin quererlo.

Y llegó así, la verdad, a sentarse con nosotros, tranquila, vestida de calle, sin zapatos. Y llegó la verdad y los dos lo supimos y entonces al abrir los ojos, las cosas parecían distintas y lo eran, porque a veces ni siquiera sabemos lo verdaderas que son las cosas que no pueden tocarse.

Y era verdad: A veces no somos conscientes de la corta vida. Del tiempo que queda. Del escaso segundo que vuela. La vida es dura a veces. La vida es dura y duele. Y tiembla. Y nada tiene que ver con la muerte.

La vida a veces duele tanto que quieres correr. La vida da miedo. Pero la vida siempre te deja una salida.

A veces estamos tan paralizados por el miedo que empleamos toda nuestra energia para mantener los ojos bien cerrados.

Y entonces inventamos huidas, excusas, rutinas, inercias, paises, mentiras, vestidos, lugares, sabores, palabras, sentidos..

para no volver

A veces deseas tanto que el agujero de tu pecho siga dormido que eres incapaz de moverte.

Y evitas todo lo que tenga que ver con ese dolor, te alejas, abandonas ese camino.

Ese camino que  está esperando a ocurrir.

Lo único que de verdad te hará libre.

El descanso.

¿Por qué huimos sin parar de lo inevitable, de lo que cosimos un día a nuestro corazón, de lo único que nos hará libres?

Por qué nos empeñamos tanto en evitar algo, y no dejamos simplemente que ocurra, si tiene que ocurrir..

Creemos que somos los dueños de nuestra vida, y apenas sabemos respirar. Y, sí, somos los dueños quizá, pero somos tan torpes, y arrastramos tanto dolor, que a veces, la nítida verdad se nos escapa y ya no vemos nada más que el camino sin vuelta, a ningún sitio, a ese lugar que no te reconoce, a ese lugar dónde solo se sabe echar de menos.

Desde ese día en el que la verdad nos meció en sus brazos, no hemos vuelto a ir a caminar mi amigo y yo.

Pero los dos supimos algo que atesoramos, en el más dulce de nuestros lugares comunes. Intangible, como todas las cosas que se aman. Las únicas que importan.

A mi amigo Antonio, por su sabiduría. Por todas las cosas que me ha enseñado en estos 18 años. Y a tí, como siempre, inevitablemente..

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Llegaba tarde, como siempre.

El coche abandonado-casi- en un bordillo imposible.

Y a rastras calle arriba desde el Reina Sofía por Santa Isabel hasta llegar a la estrecha callecita escrupulosamente empinada que atesora desde lustros el café El Despertar.

Y es así porque se enmarca en un rótulo amarillo dulce y desde fuera, a través  de los visillos inevitablemente familiares de sus ventanas, se vislumbra el rumor cálido de las conversaciones  en la piel, del humo, del jazz  suavecito..

Sonaba Summertime y yo imaginaba a Billie Holiday con su cigarrillo en la boca ,exhalando despacio, mientras Óscar y Paco ascendian, absolutamente feroces en un laberinto de palabras nuevas, creadas, susurradas, sólo para ese momento.

Au acababa su recital y estaba preciosa y agotada. Toño me guiñaba un ojo en el lenguaje extraño que inventamos quizá un miércoles cualquiera.

Andrés se fué  tan pronto, que tuve que buscarlo luego despacito, en límites pactados.

Julio volvió a enseñarme a pronunciar algunas cosas, que nunca debí olvidar. Recordé sus cuadros en el Libertad. Recordé cómo le había conocido.

Paco, a bocanadas, miraba alrededor con la elocuencia que sólo tienen los locos que lo saben. Nos puso boca abajo y respirando, a través de la herida.

Los demás, sólo podíamos escucharle y contentarnos con el instante único de estar en ese lugar del mundo, exacto,  impreciso, ahora, a deshora, para siempre.


Summertime and the livin´ is easy

Fish are jumpin´and the cotton is fine

Oh your daddy´s rich and your ma is good lookin

So hush little baby, don´t you cry…

guardia

diciembre 15, 2008

La llegada hoy no ha sido igual.

Madrid empezaba una noche de invierno sin escándalos.

Niebla. Luces difuminadas. Niebla.

Me gusta la niebla.  Nunca creeré lo que dicen de ella. Desde niña la niebla ha sido para mí, una suerte de nube que se toca, un abrazo, un abrigo, una íntima escapada al escondite, un camino, una magia dónde desapareces y todo es suave.

Como la niebla.

Hoy no ha sido igual.

La entrada a la urgencia ha sido lenta y sin sobresaltos, no sonaba el timbre de la REA, no se amontonaban las camillas en el filtro. Sin camas amontonadas en los pasillos, sin el tumulto de celadores trasportando sillas de ruedas, sin gritos, sin carreras cruzando pasillos y salas inmensas, sin nombre, abarrotadas.

El ascensor no se pierde en la azotea y me baja en un minuto del semisótano al sótano.

Mi taquilla expectante, el fonendo, las llaves, la tarjeta de entrada a este lugar dónde sabe ocurrir todo. Tropiezo con la puerta, la llave no gira, hay goteras, no encuentro la bata.

Pero el pijama verde me salva otra vez.  Me calzo los zuecos, la coleta, el medimecum.

De nuevo subo a un semisótano desconocido..duerme..o al menos, respira lentamente.

Voy a mi sala, la sala 1, solo cuatro camas ocupadas.

 María tiene 96 años y una ulcera por decúbito, pero se va a casa. Me mira con sus ojos diminutos, pero absolutamente vivos, y me recuerda que  está bien, que quiere una manzana. La arropo. La digo que se va a casa. Me sujeta la mano muy fuerte. Se queda dormida.

Luis Eduardo llegó con una taquicardia supraventricular mal revertida. Tiene que ingresar en cardiología, pero quiere marcharse. Y lo hace. Y aún no lo entiendo, rodeada de informes de altas voluntarias, de incisos  y de incoherencias. .¿cúanto cuesta una vida?

Victoría tiene una válvula mitral metálica. Le duele el corazón, pero después de contarme que su marido no ha podido venir con ella, y un calmante, se ha quedado dormida y sé  que sueña.

Leslie tiene 36 años y es epiléptica. Ahora está tranquila y sólo quiere no volver a la planta. Tiene un guedel y una ampolla de valium precargada a los pies de la cama.

Desde la Sala 1, no puede verse el cielo, ni esta noche, ni nada.

Pero esta noche, Madrid también me quiere y danza en solitario, con una cadencia suave y silenciosa.  No suena ni un suspiro, ni ambulancias, solo el acompasado tono del incesante monitor cardiaco y del oxigeno que sabe hacer burbujas. 

 Fuera la niebla cálida.

Fuera ahora no existe.

Sólo la niebla que palpita en la retina.

Sólo la niebla.

Y alguien me dijo que la nieve ardía.

 

 

 

 

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This charming man

diciembre 13, 2008

Salgo de casa calzándome las botas de un salto. Tarde otra vez. Y los interludios inevitables de los transportes públicos.

Finalmente  decido taxi y me equivoco..perdidos en el sitio dónde no hay pérdida.  Calle carranza 11- repito. Pero estamos absurdamente estáticos  en un atasco, y salto de nuevo a la calle. La noche helada. Madrid me guiña el ojo para que me salve.

Llego al fin. Cristina y Raquel me dan palmas y Pancho me sonríe.

Estoy sentada cerca de Sebas y Ramón. Ramón fuma suavemente y apenas gesticula, aunque sonríe y es posible que encuentre pronto unas palabras que morder y no podamos dejar de reir hasta los postres.

Sebas quiere volver a irse a  Pamplona pero sólo él lo tiene claro.

Han pasado cuatro años y ahora todo empieza otra vez.

De nuevo la cuadrícula intacta, los lápices afilados sobre la mesa y el ansia. -quizá cómo la de Truman Capote, aquella vez- por empezar a ser lo que uno espera ser y ha sido a ratos,incluso, en un descuido, en esa madrugada.

Ráquel se despide con la sonrisa de par en par. Mañana tiene guardia y otras cosas, en su cuarto esta noche, mañana en sus ojeras, siempre  en el otro lado.

Pancho me abraza y dice suavito, que huelo bien. Yo pierdo un pendiente y no entienedo la extraña relatividad de una cuchara.

Caminamos y hace frío en Madrid, bella y helada, sin huídas, llena de taxis y de gente que busca en todas partes.

La llegada al Honky Tonk es una bajada cálida y puntiaguda hasta un escenario diminuto y un total de cientos de miradas que se encuentarn. La búsqueda o la caza.

María dice que le gusta. Pablo hace tic,tac y se ríe abiertamente de mi cara.- Tiré el reloj  dentro del vaso de agua de mi mesilla- le grito. Tic, tac, se ríe. Prefiero hacer pompas de jabón.

Fumo más cigarros y así la noche sabe un poco a otras noches que no fueron las mismas, pero así, también se quedan en el pelo y otras alcobas menos concurridas.

Entonces suenan The Smith y yo quiero escribir como el columpio de su voz en charming man.

Pablo me dice que Morrissey nunca viene a Madrid, pero no es cierto. Ya tenemos entradas.

Entonces quiero marcharme y escribir.

Pero al llegar a casa ya es tan tarde que no escribo casi nada y te recuerdo cantando como loco charming man  y a mí, enredándote el pelo.

Voy a salir a las afueras unas horas, porque tengo las mejillas invadidas de adentros, y además parece que es de día.

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hice algunas cosas

diciembre 11, 2008

Hice algunas cosas estos días. Para llenar el tiempo, o vaciarme un poco, o creérmelo o esperarte.

Estos días hace frío. Madrid se levanta con los pies helados, y alguien ha dado la vuelta a la bola de cristal con agua y polvitos blancos volátiles dentro y parece que por momentos, vamos a nevar del todo.

Estos días son raros porque tú no estás y yo me acuerdo de nuestros paseos por Sol y algunas vidas que tuvimos entonces y tengo un nido en el pecho que se llena de escarcha y que tirita, dónde no cabe nadie ya ni primaveras y me quedo tan sola que  si digo mi nombre, suena a pais lejano o a un escaso trocito de tierra de sembrado, vallado, inaccesible,  sin verdes , azules ni semilla.

Y voy a recogerme, a diario, hasta el último rincón o esquina coja, que ha quedado de mí en cualquier tejado, al pie de áquel semáforo, al cruzar esa calle.

Y supongo que lo que hay soy yo, y estoy al fín y al cabo aquí, porque respiro, porque lo dicen 90 latidos por minuto, las ganas de correr o nunca más,  y la memoria de piel y hueso flaco.

No sé que más decirte por ahora. Que hice algunas cosas estos días. Para llenar el tiempo o vaciarme o creérmelo o esperarte.

Que te las contaré un poquito cuando pueda, pero son normalitas, algunas sólo ruido.

Que echo de menos demasiado, a demasiada gente, que a veces no me quiero levantar de la cama y sólo quiero que tú me lo recuerdes, lo difícil que es, “pero se puede”, y sonrías y yo en el otro lado, tras el mar, en otro país, en otra  vida, me restriegue los ojos y un bostezo, me recoja otra vez y me levante

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inmersiones

diciembre 8, 2008

Ultimamente no me tomo en serio

las elaboradas formas de inmersión

que practican- resbalón incluido-

en mi piel,

algunos besos que no supieron despedirse a un párpado de persiana

ni despeinarse con benzodiacepinas

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