This charming man

diciembre 13, 2008

Salgo de casa calzándome las botas de un salto. Tarde otra vez. Y los interludios inevitables de los transportes públicos.

Finalmente  decido taxi y me equivoco..perdidos en el sitio dónde no hay pérdida.  Calle carranza 11- repito. Pero estamos absurdamente estáticos  en un atasco, y salto de nuevo a la calle. La noche helada. Madrid me guiña el ojo para que me salve.

Llego al fin. Cristina y Raquel me dan palmas y Pancho me sonríe.

Estoy sentada cerca de Sebas y Ramón. Ramón fuma suavemente y apenas gesticula, aunque sonríe y es posible que encuentre pronto unas palabras que morder y no podamos dejar de reir hasta los postres.

Sebas quiere volver a irse a  Pamplona pero sólo él lo tiene claro.

Han pasado cuatro años y ahora todo empieza otra vez.

De nuevo la cuadrícula intacta, los lápices afilados sobre la mesa y el ansia. -quizá cómo la de Truman Capote, aquella vez- por empezar a ser lo que uno espera ser y ha sido a ratos,incluso, en un descuido, en esa madrugada.

Ráquel se despide con la sonrisa de par en par. Mañana tiene guardia y otras cosas, en su cuarto esta noche, mañana en sus ojeras, siempre  en el otro lado.

Pancho me abraza y dice suavito, que huelo bien. Yo pierdo un pendiente y no entienedo la extraña relatividad de una cuchara.

Caminamos y hace frío en Madrid, bella y helada, sin huídas, llena de taxis y de gente que busca en todas partes.

La llegada al Honky Tonk es una bajada cálida y puntiaguda hasta un escenario diminuto y un total de cientos de miradas que se encuentarn. La búsqueda o la caza.

María dice que le gusta. Pablo hace tic,tac y se ríe abiertamente de mi cara.- Tiré el reloj  dentro del vaso de agua de mi mesilla- le grito. Tic, tac, se ríe. Prefiero hacer pompas de jabón.

Fumo más cigarros y así la noche sabe un poco a otras noches que no fueron las mismas, pero así, también se quedan en el pelo y otras alcobas menos concurridas.

Entonces suenan The Smith y yo quiero escribir como el columpio de su voz en charming man.

Pablo me dice que Morrissey nunca viene a Madrid, pero no es cierto. Ya tenemos entradas.

Entonces quiero marcharme y escribir.

Pero al llegar a casa ya es tan tarde que no escribo casi nada y te recuerdo cantando como loco charming man  y a mí, enredándote el pelo.

Voy a salir a las afueras unas horas, porque tengo las mejillas invadidas de adentros, y además parece que es de día.

l

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