Khalama

junio 17, 2010

Khalama en el lenguaje del Tíbet significa Ruta del Cielo..

Cuando la ví por primera vez,  fué familiar y hermoso. Fué un reencuentro. Algo tan sagrado como volver a ver a alguien a quién has amado y ha muerto. Cálido. Tocar un milagro. Y al mismo tiempo, percibir ese impulso de vida latiendo en la piel que solo puede sentirse al abrazar a un recién nacido.

Luego ella nos miró con sus enormes ojos, y casi sonriendo bajo el viento- seguro- que solo puede nacer bajo sus pestañas, nos eligió al compas de sus 120lpm de bebé león.

Gracias, Calita.

Eres el ser más hermoso que he conocido. A pesar de mundos, por encima de la piel y muy lejos de las cosas que nos empeñamos en entender. Las únicas que existen.

Te queremos mucho

Lucha, pequeña, por favor

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Vincent apagó las luces de la galería. Después de cerrar la puerta, ya afuera alisó el ala de un elegante panamá y se encaminó a la Tercera Avenida, golpeando la acera ligeramente con la caña de su sombrilla.

Vincent sintió como si avanzara bajo el mar. Los autobuses que atravesaban la ciudad por la calle Cincuenta y siete parecían peces de vientre verde, los rostros de los pasajeros se asomaban, meciéndose como máscaras sobre una ola. Examinó a los transeúntes hasta que finalmente la vio con su impermeable verde. Estaba en la céntrica esquina de la Cincuenta y siete y la Tercera Avenida, fumando un cigarrillo; daba la impresión de tararear una melodía. El impermeable era transparente. Llevaba pantalones negros de pinzas, sandalias sincalcetines, una camisa blanca de hombre. Su pelo era color de ante y lo llevaba cortado como un muchacho.

Cuando vio que Vincent cruzaba la calle en dirección a ella, tiró el cigarrillo y caminó deprisa hacia la puerta de una tienda de antigüedades.


Se llevó un Old Gold a los labios, buscó una cerilla y suspiró al no encontrarla. La muchacha salió del umbral. Le tendió un encendedor pequeño y barato. Mientras la llama palpitaba, sus ojos, pálidos, apagados, de un verde gatuno, se clavaron en él con alarmante intensidad; tenían una mirada perpleja, asombrada, como si se hubieran quedado abiertos para siempre después de presenciar un hecho terrible. Un flequillo irregular le caía sobre la frente; el corte de pelo a lo chico resaltaba el aspecto juvenil, un tanto poético, de su cara delgada y sus mejillas hundidas; el tipo de rostro que suelen tener los jóvenes en los cuadros medievales.

Vincent expulsó el humo por la nariz. Sabía que hubiera sido inútil hacerle preguntas y, como siempre, trató de imaginar de qué y dónde estaría viviendo.

Cada mañana y cada noche la encontraba en su puerta o cerca de la galería o fuera del restaurante donde almorzaba, siempre causando el mismo desorden inefable, la misma parálisis de tiempo e identidad..(..)

El vendedor de flores corrió a refugiarse, desviando un ojo hacia el cielo, y empujó bruscamente el carrito lleno de enredaderas y gladiolos; una maceta con geranios se vino abajo; las niñas recogieron las flores y se las colocaron en las orejas. El combinado repicar de gotas y pisadas veloces salpicó el xilófono de las aceras. Un batir de puertas, un bajar de ventanas; luego, nada. Finalmente, con pasos lentos, rasposos, ella se acercó a la farola y se detuvo junto a él. Entonces, como si el cielo fuera un espejo roto por un rayo, la lluvia cayó entre ellos como una cortina de cristales astillados.

Truman Capote. El Halcón Decapitado. (1946)
Me deja sin aliento.

G





Llevo meses leyendo a Truman Capote y he comenzado- como hago casi con todo, desde niña- a crear un ritual silencioso (por  mis costumbres nocturnas y mi respeto al prójimo) y con ciertas propiedades de invocación al sueño muy efectivas (casi barbitúricas) con mi libro. Así, por ejemplo, mientras hoy mis amigos celebraban firmas, cumpleaños y editores en la Feria del Libro de Madrid y yo vomitaba un poco de la cena de anoche y de la guardia del Viernes, me he descubierto echando de menos mi manta- a la cabeza- mi traje de pensar y mis ojeras. Así que ritualizando again, me he convencido de lo necesario de los biorritmos y el cortisol y antes de comenzar una dialéctica de joven marxista autocrítica conmigo misma, me he puesto manos a la obra- cama.

Entre las cajas , ropa, y verdaderos ácumulos de sustancia indeterminada y libros, pendientes de la mudanza, he rescatado a Truman, aproximadamente a los 18, rubiejo y con flequillo, mirada única y  esa delgadez histriónica de los adolescentes, posando con camiseta blanca y vaqueros en la portada de mi libro donde puede leerse “Cuentos Completos”. Me gusta mucho esa foto.

Y así, completando el ritual, cierro los ojos y empiezo a ver..

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vasos comunicantes

junio 14, 2010

Repite el mismo gesto otra vez.

Retira, el flequillo suavemente con la mano. Reedescubre sus ojeras. Románticas- diría de ellas J.- Sonríe. Fugazmente. Pero ese gesto ilumina todo por un instante.

Se enseña los dientes en el espejo. Siguen ahí. A menudo sueña que los pierde. De maneras extrañas y poco lúdicas. A menudo inconfesables.Ella dejó a Froid hace tiempo. Ahora solo sabe que están ahí, blancos, fijos, inamovibles.

Se quita la camiseta de tirantes. Frente al espejo, las clávículas marcadas, angulosas, esquivas. El comienzo de un cuerpo lleno de aristas- piensa, duda.

Suena música en fránces. Tararea mientras se lava los dientes.

Es real y piensa, que a pesar de los siglos que encierra cada minuto, de los paises que caben en cada paso, de todos los hombres que escalaron sus áridas caderas, piensa. Que en un siglo, un minuto, un pais, unas manos, un calor, el viento, una letra, la duda, una lágrima, un libro, un mechón de cabello, su mar, la sonrisa, un abrazo, un recodo de aire protegido de viento, un beso, sus labios- él es real y piensa..

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Storm

junio 4, 2010

las tormentas

son así

-solo las tormentas de verdad-

son así

llegan

de pronto

mientras  jugabas distraída con un sobre de azúcar

o hacías otras cosas que no te pertenecen

o dormías

-Pensabas eso

antes de la tormenta-

Pero tras la tormenta

las luces de la calle se parecen

a los globos de helio perdidos de los niños

-sin una dirección

sin un cobijo

fuera del alcance de todo

inconscientes de pérdida

hermosos y lejanos

aturdidos

perdidamente bellos y mortales-

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