suave es la noche

julio 10, 2010

No me conoces

yo a ti tampoco

pero seguro que en algún momento has saboreado también el óxido contra el paladar, masticando esa palabra:  hijo de puta

probablemente tu serías más fuerte, seguramente

quizá, también dolió más, aunque eso, a estas alturas es algo que ya no puedo comprobar

tu cabeza contra el asfalto, puedo imaginármelo, su fuerza

imagino tu cuerpo temblando y veo el mio, desnudo, apoyado contra las baldosas del cuarto de baño

es cuando lloras con las tripas,  sé que sabes lo que es llorar así, tan desde dentro,

llorar y  que todas tus entrañas se esparzan por la estancia,

tan vulgarmente expuestas, tan indiscretamente exhibidas

y luego

haces unas cuantas promesas

yo me muerdo el labio inferior, por ejemplo

tu, sospecho que quizá , te pintaras los ojos frente al espejo, sin pulso

al final, los desperdicios..

las migajas que a unos les sirven para volver a casa y a otros para encontrar nuevas ofertas

yo pude maldecirte alguna vez

quizá tu a mí también

seguramente,otros me maldecirán a mí en un futuro,

pero llegaremos a esto

otra vez,

sin duda

al mismo instante-solo ese-nada más cierto, nada más vale que ese instante-

hijo de puta

y la bala humeando en la cabeza

l

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2 comentarios to “suave es la noche”

  1. Deckard said

    Todos hemos sentido el nido de serpientes, moviendose dentro de nuestras tripas y el sabor amargo en la boca. Quien no lo haya sentido nunca en su vida, no la ha vivido.

  2. Tu primo de Oz (que no es tu primo) said

    Llorar a lágrima viva

    Llorar a chorros.
    Llorar la digestión.
    Llorar el sueño.
    Llorar ante las puertas y los puertos.
    Llorar de amabilidad y de amarillo.
    Abrir las canillas,
    las compuertas del llanto.
    Empaparnos el alma,
    la camiseta.
    Inundar las veredas y los paseos,
    y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
    Asistir a los cursos de antropología,
    llorando.
    Festejar los cumpleaños familiares,
    llorando.
    Atravesar el África,
    llorando.
    Llorar como un cacuy,
    como un cocodrilo…
    si es verdad
    que los cacuyes y los cocodrilos
    no dejan nunca de llorar.

    Llorarlo todo,
    pero llorarlo bien.
    Llorarlo con la nariz,
    con las rodillas.
    Llorarlo por el ombligo,
    por la boca.
    Llorar de amor,
    de hastío,
    de alegría.
    Llorar de frac,
    de flato, de flacura.
    Llorar improvisando,
    de memoria.
    ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

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