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abril 11, 2011

Guardo un libro

que quiero

lo guardo

y lo pongo en el sitio de mi estantería donde casi es seguro que se va encontrar mejor, más protegido, querido, cuidado

y entonces le digo bajito-les digo bajito: vais a estar mejor, no os preocupeís, encontraré vuestro sitio, os llevaré a vuestro lugar- y paso despacio el dedo corazón-índice- anular-corazón sobre sus lomos, la tinta escrita que los nombra. les digo: vais a estar bien, yo os llevaré.

Ahora paseo de nuevo mis manos sobre el robusto llomo de papel envejecido, despacio, advirtiendo el tacto de un milagro, “Cartas de Cumpleaños”. Ted Hughes estaba allí, lo escribió para Sylvia, su mujer.

Él las escribió a lo largo de más de veinticinco años, las primeras poco después de la muerte de ella.

Yo recorrí el mundo buscándolas, ahora lo sé.

Y que pueda leerlas solo puede significar que la vida me toca, aunque me empeñe en precipitarme en las aristas.

“..la tierra de embrujos tras tus labios africanos.

España era lo que intentabas despertar y no podías. Te veo a la luz de la luna,

paseando por el muelle vacío de Alicante

como un alma esperando el transbordador,

un alma nueva, que aún no comprende,

pensando todavía que está en su luna de miel,

y en un mundo feliz, la vida entera aún por llegar,

feliz, y todos tus poemas esperando aún ser encontrados”

 

“Caminamos hacia el sur atravesando Londres hasta Fetter Lane

y tu hotel. Frente a la entrada

en el lugar donde cayó una bomba, ahora en edificación
nos agarramos aturdidos
para protegernos y nos metimos juntos en un barril
por una especie de Niagra. Mientras caíamos
en un estruendo de alma tu cicatriz me contó
–como contraseña o nombre secreto–
cómo habías intentado matarte. Y oí
sin dejar ni un momento de besarte
como si lo susurrase una estrella serena
sobre la ciudad que giraba retumbando: Mantente lejos.
Una estrella cobarde. No recuerdo
como llegué de contrabando, enrollado a ti,
dentro de tu hotel. Allí estábamos.
Eras tan delgada y suave y ágil como un pez.
Eras un mundo nuevo. Mi nuevo mundo.
Así que esto es América, me maravillé.
¡Qué bella, qué hermosa es América!”
 
“..Pero entonces me senté, inmóvil, incapaz de sondear lo que te inmovilizaba,
 mientras te miraba, como inmovilizado
 estoy permanentemente ahora, permanentemente
 un poco inclinado sobre tu ataúd abierto.”
 
 
 
Me falta tanto aún
Gracias
l
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