Antes guardaba palabras en algunos  sitios; en trozos de papel de cuaderno, en servilletas, en las esquinas de los libros, en el billete de metro arrugado del bolsillo trasero, en el dorso de la mano..

Para alguien solitario como yo, con colección de fobias y diverso instrumental capaz de algunos ruidos, las palabras me servian de para-avalanchas. Las palabras me  guardan.

Son la promesa siempre intacta de algo, lo que ha de pasar, el roce de la piel frente al abismo. La identidad.

Ahora guardo muchas más cosas. He comprendido algunas. Otras son incomprendidas y guardadas igual.

No soy definitivamente pragmática, y no me caracterizo por dar utilidad  a las cosas que acumulo. Algunas se ven y otras no, pero ocupan lo mismo o más.

Pero las palabras siempre me sirven.

Pero hoy, tengo que decirte algo, a ti que siempre sabes más que yo, por justicia temporal y factual, por alma y saliva: Hoy las palabras no me sujetan, ni siquiera saben dónde ponerme la boca, no tienen ni idea a qué idioma he migrado y no van a encontrarme.

Hoy no me sirve de nada tanta vida

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El Grito

mayo 9, 2011

Yo solo acontezco sin frío, sin dialéctica, sin un solo lugar donde extenderme mientras el grito asciende a pesar del pulso arrítmico y las palabras perfectas y planchadas, colocadas sin barricadas ni riesgo de infección sobre mis labios. Y yo, sin nombre, yo, en cualquier acera o paso a nivel, yo, con el pelo empapado y las manos llenas de muertos, yo, sigo ocurriendo bajo las inclemencias de una tormenta acustica sobre huesos inmóviles.

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