estancias hospitalarias I

junio 22, 2008

estuve allí

pero no fui yo si no la fuga

y todo los sitios de marcharme

estuvieron paseándose al sol impertinentes

el nuevo ritual

algodón húmedo y vena sin latido

y el suave dulce dolor lábil

de ponerse a llorar un poco

si no fuera

porque no tienes tiempo y eres grande.
luego viene la piel y las agujas

después la noche

el solo

las luces de ciudad

y la tormenta

cuando pasan tres dias

aprendes a morder el suero fisiólogico

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Desde y hacia. Y parece que seguirá así. La vida. Un movimiento. O el proceso. De A a B. Un camión conduce de un punto A a un punto B. Si en esa misma carretera pero en sentido contrario un coche sale de B a A a una velocidad de….¿en que punto del camino se encontrarán?

Desde el hospital, las sábanas ésteriles y las agujas intravenosas, paciente por una vez, de nuevo, o por vez primera , o es lo mismo, las marcas en mis brazos, y yo sin querer levantarme, o todo lo contrario, sonrío a la enfermera, le digo que estoy bien, que lo soporto. La fuga en los ojos y sin manos. La fuga que se sabe morir sin un asalto.

Hacía el escenario, el atril, que no me gusta, que no, que nunca me ha gustado, recitar de pie, contar mis cosas, o es lo mismo, ni el micrófono , ni escucharme temblar (la voz con frío, o con tanto calor), contar a alguien,  a ellos,  a vosotros,  siempre a tí, las cosas que me crecen o son yo y siempre sin remedio.

Y luego venir, escribirlo, no hablar de cama, sólo ser igual pero tener en los labios, en vez de besos, siempre la tenaz, tenue,  tenaz, y tuya,  melancolía.

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.. en qué punto del camino se encontrarán?

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las horas indecisas

abril 24, 2008

Las horas indecisas.

Parece que en estas horas, el tiempo no viaja en su recipiente. De alguna forma, las horas se quedan vacías sin nada que albergar, ni un resquicio del contenido al uso, de tiempo.

A la llegada, sólo una breve presentación en Sala tres. P. me cuenta los pacientes sin prisas, en un pase de guardia no premeditado. La paciente más joven, E. esta conectada a una bomba de helio. Tiene un broncoespasmo severo, posiblemente secundario al consumo diario de cocaína.

No parce intranquila- pero lleva ya tres dosis de tranxilium-me sonríe P.

P. se marcha aún sonriendo, y sin ojeras. Heredo una Sala 3 asombrosamente vacía. Hoy no hay camas en los pasillos, ni están ocupados todos los aislados. Hoy se siente el palido frío limpio de las camas intactas.

Empiezo a pasearme a los pies de cama, como siguiendo el ritmo de un antiguo ritual iniciático. Leo los nombres, el número de historia y el juicio clínico. Luego levanto la mirada y veo B. con ochenta y tres años dóciles, aún robusta y escapando de forma audaz a la edad que aparece en su ficha. Cabello encanecido, sobre una mirada despierta, de joven voyeur de vacaciones. Se fija en mí. Sonríe, mientras dos bolsas de concentrados de hematíes se transfunden lentamente bucando otro color. Pregunta mi nombre. El resto de la noche lo pasará cantando coplas de barrio antiguo. En las treguas que le da el evento artístico, se entretiene llamándome en un grito dulce, por toda la sala.

Son las 02:00 a.m y paso al filtro. En la recepción de pacientes se sienta sigilosa, pero eficaz, la prisa.

M. es una paciente con un problema derivado de una perforación esofágica yatrogénica. LLora. El cáteter se ha soltado y apenas puede hablar. Pero no duele. Llora silenciosa, como para no molestar. Casi pide perdón con la mirada acuosa, azul, perdida en los años que arrastra, en lo sucedido en ese tiempo- que ahora a mí me conmueve y se me antoja frío y bajo lluvia fina- mientras su esposo levanta la voz a C. y se enjuaga la frustración en las palabras de sobra conocidas, la queja díaria, partidista y cotidiana en un servicio de urgencias.

05:00 a.m. Vuelvo a sala 3. Llego de forma inexplicable, guiada eficazmente por un hábito incosciente, que me conduce desde las literas con aforo ilimitado de la novena hasta la planta semisótano. No he dormido nada y me doy cuenta, de lo mucho que estraño los trocitos de mar que ella va dejando esparcidos por la urgencia, las tímidas olas del box de reanimación, o la arena de playa en la sala de espera.

A pesar del dolor de cabeza, alcanzo a encontrar la moneda que me devuelve un café sin ansias de protagonismo y poco azúcar. Salgo un momento a la puerta. Sobre mí,el letrero luminoso antiguo, con el neón resistiendo las tormentas, guiñando urgencias con una s parpedeante y retraída, casi vergonzosa. Abajo, la lluvia de anoche. Los zuecos, empapados.

El cielo ahora es azul de ese. De ese azul de cuando subes las ventanas, porque es primavera y no sabes que haces despierto tan temprano.

Vuelvo a la Sala 3 y todos duemen. O disimulan una charla con Morfeo. Las auxiliares y las enfermeras han acampado en los escasos sillones de poliéster y se dejan parecer sordas o sufrientes, madres susurradoras de canciones de cuna.

No sé qué hacer y visito a oscuras, los pies de cama, me reitero, me miro en los sitios ya mirados. Salgo de allí. Me siento. Me miro las manos, los relojes, las nuevas ganas de todo despropósito.

Queda una hora para las 08:00 a.m. Las horas indecisas van pasando. Distraídas, extrañamente lentas e imprecisas, agotadas, casi como si llevaran algo, un peso enorme, un pedazo de nada embotellado. Como si les costara no posarse. Y vacilantes, cabizbajas, consumidas, despedirse del tiempo detenido.

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turno de noche

abril 10, 2008

te hablo desde un lugar

impreciso

equidistante a casi todo

sin formas

ni vacantes

el recipiente escueto

poroso

material

sin síntesís

ni anestesia

manufactura imperfecta

de alma.

limitas contigo

o no sé

si apenas

cavas

buscando los restos

o el principio

o es lo mismo:

un lugar donde dormir.

atento

siempre subrayado

programas

viajes

desde memorias envasadas

aparcas

párpados y luegos

y a ratos planeas

huecos

para dudas y días

regando

valium

y papiroflexia

despertando ataviada

para

rasgar amaneceres y miocardio

– y tarde

sólo

encuentras

esperas

persigues

rescatas- y es todo

el único lugar

dónde morir

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undia-unavida

abril 8, 2008

07.45 pm

Salir de casa-

llueve

y no quiero correr ni paraguas

Tengo gastristis didáctica

y sé

que esperará hoy más de la cuenta

Pongo mis manos en el hueco del calor pasado

si llega el autobús ahora -diré

que sí

Creo -otra vez me equivoqué

de mundo-o de parada

me cuento las mentiras y los asientos libres

llueve

pongo a sentarse- a esa noche

no sé-respondo

se baja el hombre del sombrero

me quedo apoyada en el contrasentido

dos y bajo

la fabrica de coches raros

-y raros

hoy no sé faltar a clase

guiño el ojo que no sé

a mario

la puerta intermitente del plan b

camas en los pasillos y

susurras-no hoy

y es una oración llena de esquinas

semisótano y más

lavarse la cara de mañana

llueve

colgarme del fonendo

las manos bocarriba

para

subir abajo

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